México - 12 de diciembre de 2005
Rechazamos una reforma al Vapor
Etcétera
A la H. Cámara de Senadores

El Senado de la República discute actualmente la reforma a las leyes federales de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones que la Cámara de Diputados aprobó el pasado 1 de diciembre. Se trata de una reforma insuficiente, riesgosa y que tendría consecuencias graves para la sociedad y la radiodifusión mexicanas.

1. Aunque se dice que evitaría la discrecionalidad gubernamental que hasta ahora ha existido en la asignación de concesiones para la radiodifusión, la reforma solamente la acota de manera parcial. Por otra parte los permisos para radiodifusión seguirían supeditados a las decisiones, aún más discrecionales que hoy, de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

2. Las concesiones para la radiodifusión comercial serían adjudicadas al mejor postor, en subasta en la que imperarían criterios de carácter financiero. Quien tenga más dinero tendrá más posibilidades de transmitir por televisión y radio.

3. Una verdadera reforma tendría que atender la función social de la radiodifusión. Pero esta reforma, con el pretexto de propiciar la convergencia tecnológica, responde sólo a los intereses de las dos empresas más poderosas en la televisión comercial a las que de manera automática se les permitirá utilizar, para ofrecer diversos servicios de telecomunicaciones, la porción del espectro radioeléctrico que les fue concedida a fin de que hagan televisión digital.

4. La reforma tiene una visión estrictamente mercantil. Las opciones que abre la tecnología digital para la propagación de diversos servicios (telefonía, radiodifusión, transmisión de datos, etcétera) beneficiarían solamente a los concesionarios más poderosos y no a las radiodifusoras que operan bajo el régimen de permisos. Las dos principales empresas de la televisión comercial serían agraciadas con un negocio adicional a los que ya tienen.

5. La mencionada reforma subordina la Ley Federal de Radiodifusión a la de Telecomunicaciones. Una de las implicaciones de esa supeditación sería la apertura de la radiodifusión mexicana a la inversión extranjera directa y con derecho a voto.

6. La Comisión Federal de Telecomunicaciones, a diferencia de lo que se ha dicho en los días recientes, no adquiriría una auténtica autonomía. Tendría atribuciones, con las que ahora no cuenta, en materia de radiodifusión. Pero en el campo de las telecomunicaciones seguiría siendo un órgano de trámite ante el Secretario de Comunicaciones.

7. Es falso que con esa reforma el Instituto Federal Electoral adquiera mayores atribuciones respecto de la propaganda política. Solamente se le adjudica la función de pagar la publicidad que contratarían los partidos y ahora, en contravención al Código Electoral, también los candidatos.

8. Aunque sus promotores dicen que tales reformas respaldarían la difusión de contenidos elaborados por productores independientes, en ellas no se define qué ha de entenderse por producción nacional de esa índole.

Desde hace varias décadas y particularmente en los años recientes ha sido muy discutida la necesidad de actualizar la legislación para los medios electrónicos en México. El Senado examina desde hace tres años una iniciativa que no ha sido dictaminada fundamentalmente por las presiones de los consorcios de la radiodifusión que se han opuesto a una reforma integral en ese terreno. Se trata de las mismas presiones de quienes ahora buscan que sea prospere la reforma que la Cámara de Diputados aprobó el 1 de diciembre.

La ausencia de deliberación, su presentación inopinada y repentina así como la sospechosa y forzada unanimidad con que fue aprobada por los diputados, han llamado la atención sobre esa reforma. Sería lamentable que, ahora, los senadores siguieran por esa ruta establecida por sus colegisladores. Es indispensable que los cambios jurídicos para la radiodifusión sean cabalmente discutidos y, desde luego, que en esa deliberación se tome en cuenta la opinión de todos los involucrados por tal reforma. Seria inexcusable que el Senado de la República no abriera los espacios de intercambio y diálogo que hacen falta para conocer todas las opiniones sobre ese tema.

Estamos en contra de una reforma al vapor. Una reforma sobre las rodillas sería expresión de un arrodillamiento que el interés de la sociedad mexicana y la dignidad del Senado de la República no se pueden permitir.


Firmado por:

Fátima Fernández Christlieb, Raúl Trejo Delarbre, Pascal Beltrán del Río, Miguel Carbonell, Fernando Mejía Barquera, entre otros.