México - 13 de diciembre de 2005
El país de Televisa
Javier Corral Jurado - El Universal - Etcétera
Si algún escenario me hubiera parecido inimaginable y absurdo en torno de la larga lucha por una reforma democrática de la Ley Federal de Radio y Televisión, es el que estamos viviendo en estos días en el Congreso federal, de donde brota de manera repentina e insolente la que, dicen sus impulsores, es la única reforma posible: la que beneficia sólo a las televisoras, el nuevo poder contemporáneo de la nación. Legislar sólo para los varones de la televisión, nuevos señores de la política, ya sea que manden en el Ejecutivo, o en el Congreso. La sociedad que espere, ahí no hay posibilidad de acuerdo alguno en su favor.

Las diversas presiones en torno de una reforma integral de la radiodifusión, y complejo el proceso para concretar acuerdos por el momento electoral que vivimos, me hicieron suponer postergado definitivamente el propósito de avanzar aunque sea en una reforma básica, digna, observé casi cancelado por esta legislatura el esfuerzo; vino un poco la desesperanza, cargada de frustración por no encontrar la fórmula para continuar los trabajos, varados por una actitud reprochable de los encargados de dictaminar el proyecto que desde hace más de tres años se impulsa en el Senado de la República.

Pero, de pronto, se ha acelerado el tratamiento de la minuta de la Cámara de Diputados, y en forma inusual los que durante cinco años se han opuesto a cualquier cambio legal en la materia, esos que han obstaculizado con diferentes pretextos su discusión en comisiones, ahora tienen prisa por repetir el fast track que hicieron los colegisladores, argumentando estar impelidos por un deber, "de hacer lo que se pueda, no lo que se deba". Más que convicción suena a consigna.

En contraste con el desdén y el abandono que ha merecido el proceso transparente y de cara a la sociedad, de deliberación y análisis riguroso que se llevó en la subcomisión senatorial, ahora hay un inusitado sentido de la responsabilidad y premura; se quiere forzar, ya no la unanimidad, pero sí una mayoría parlamentaria que haga volar el proyecto. La idea es que la sociedad no se organice, que no tenga tiempo de opinar y advertir de las insuficiencias y los favores a Televisa. Ahora se alude a un apercibimiento de la mesa directiva del Senado para hacerlo en 20 días hábiles. ¿Y las tres excitativas anteriores que se les hicieron a los presidentes de las comisiones dictaminadoras para que atendieran el llamado de sus propios compañeros de partido y de Cámara? ¿Y las múltiples peticiones en corto y en público para destrabara este asunto? ¿Y las discusiones de los grupos parlamentarios y los acuerdos tomados en cada una de ellas, que dieron origen a un proyecto básico de consenso?

Resultaría sumamente injusto que todo ello fuera abandonado, y constituiría un atropello a quienes hemos venido trabajando desde hace muchos años en darle a México una reforma que asegure la función social de la industria de la radio y la televisión; sería indigno de este Senado no darse el tiempo y la oportunidad para discutir y advertir de las serias consecuencias de esta riesgosa y parcial reforma. He expresado a mis compañeros de bancada, mediante una larga misiva, que algunas modificaciones de esa minuta son contrarias en varias de sus propuestas no sólo al trabajo que hemos venido realizando como grupo en este campo, sino a uno de los principios más caros de Acción Nacional que es el de promover la Competencia Económica en igualdad de condiciones para todos los participantes. Nada más lejos a nuestra posición que la de reforzar los monopolios, sean estatales o privados.

No es un secreto -muchos lo saben de manera personal y directa-, que la iniciativa la hizo Televisa, y que la minuta y su correspondiente aprobación ha sido fruto de su impulso y cabildeo, en ambas cámaras. Ese simple hecho debiera ser suficiente para advertir los enormes beneficios que en favor de esa empresa contiene la reforma, y el agandalle de espectro que quieren hacer, de manera automática, constituyéndose en un despojo a la nación por no pocas decenas de millones de dólares.

Y en efecto, como ha dicho el ahora apuradísimo senador Emilio Gamboa Patrón, varios de estos temas no son nuevos para los senadores que discutimos la reforma. La recuperación de espectro por el tránsito tecnológico de los canales analógicos al sistema digital es uno de los temas que más nos han enfrentado, así como la retransmisión de señales abiertas en sistemas de televisión restringida. Porque son torales para ampliar la oferta comunicacional y diversificar esta concentrada parte de la industria, en dos manos, bajo un mismo modelo. En el PAN, el senador Héctor Osuna nos sacó de la noche a la mañana un proyecto personal de dictamen -alternativo al de la subcomisión plural- y nos proponía que los actuales concesionarios se quedaran con el espectro que les sobrara de la compresión digital. También se proponía el tema de la subasta. En el proceso en el que los grupos parlamentarios analizaron las distintas alternativas, esas pretensiones no tuvieron mayoría ni en el PRI ni en el PAN. Por eso se detuvo todo el proceso; el costo era impensable.

Televisa se llevó sus propuestas a la otra cámara, y obtuvo todo lo que pidió, sin nada a cambio para la sociedad. ¿O alguien ya le encontró una disposición que realmente beneficie a la sociedad en general? Hasta lo del IFE es una engañifa.

¿Por qué se pretende renunciar a cualquier cosa que signifique un mínimo de corresponsabilidad de las televisoras? ¿Por qué se dejan a un lado hasta los mínimos acuerdos logrados? ¿Y el derecho de réplica tan anhelado por la sociedad? ¿Y las reglas mínimas para la competencia económica? ¿Dónde la protección a la niñez, a la mujer y la familia de los contenidos violentos y estereotipados?

El poder de Televisa se está convirtiendo, si no es que ya lo es, en un poder ilimitado, inmoral. Hasta a su propia cámara industrial la ha vuelto a menospreciar y dejar fuera a los radiodifusores de sus negociaciones con los diputados; los señores feudales de la televisión no voltean a ver ni siquiera a los pequeños propietarios.

Son muchas ya las voces que advierten de ese poder, y que piden un carácter reflexivo y un talante democrático, un sentido patriótico al revisar la minuta de los diputados. La Cofeco, con valor ha dicho en un momento clave: "Las reformas a la LFRT que propone la iniciativa no aseguran la eficacia en la prestación de los servicios ni evitan fenómenos de concentración en la asignación del espectro radioeléctrico, contrarios al interés público en los términos del artículo 28 constitucional". Hay instituciones en México, ojalá que el Senado también lo sea de la República, y no de Televisa.

Javier Corral
Senador de la República por el PAN.